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viernes, 14 de junio de 2013

Y una carta, al colgar.

Nada lo reduce:

Por mucho que me digas que hay un sitio en el que te evoca a mí. Por mucho que tu garganta trague saliva y me digas que me quieres. Por mucho que quisieras solucionar mis problemas; nada.

Estoy cansada, a veces de escucharte, escuchar esa risa que quisiera recuperar mi humor. Sabes que mi humor empieza a ser negro. Sabes que soy fácil de contagiarme. Me infecto con cualquier mueca.

No sé, Gregorio, adoro que andes ahí, tú siendo en la ciudad, eres ciudad, sabes eso. Sé que te cansas como yo. Hay mucha sensibilidad entre nosotros. Los dos nos queremos cercas, muy cerquitas, no sé; hay un apego muy muy fuerte, como umbilical. Hay algo, que en la infancia nos acompañamos, y ahora de adultos, sólo nos soñamos estar juntos, recuperarnos, tener un coestar, preguntamos demás por nosotros mismo como si quisieras nadar en todo este tiempo en el que no estuvimos en casa. En esas tardes, en las que, la sobremesa era la cama, y sólo consistía en escuchar música clásica, contarnos nuestra vida, nuestros apartados más íntimos. Recuerdo que llegó haber lagrimas, pero siempre con una afirmación muy fuerte, un hilo que hizo nudo, por mucho que dijéramos que cualquier promesa o apoyo era incondicional.

Ahora, cada vez que colgamos una llamada, la historia y la distancia pesa. Pesa saber que estas a 24 horas y en avión a dos horas. Eso me pesa muchísimo, saber que quieras hacer algo y que sé que te encantaría que pasará una tarde contigo o un momento de lluvia contigo, eso Gregorio, eso me duele, porque sé que no estoy ahí, para ver cómo te hago reír, porque sé que me extrañas, y sabes muy bien, que aunque me digas que me extrañas, no terminar por alcanzar esa voz que quiere salir, tu cuello no alcanza a alargarse más. Es difícil, nuestras vidas, nuestra época se ha vuelto un remolino de sentimientos. De distancias prolongadas en las que sé muchas veces, que por más que hablas, sé que en un algún momento quieres guardar silencio, y sólo quieres ser ahí. Me encanta como a veces, prefieres que hable la lluvia, a querer articular cualquier palabra. Y yo estoy ahí, imaginándote, en silencio, imaginándote que volteas a ver el paisaje, quizá.


Me a dolido mucho que sigas lejos, o mejor aún, que yo siga lejos. No sé, qué sería mejor, en este momento. Pero entonces, déjame decirte que siempre hay un destino para las lágrimas, cuando se acaba la conversación. He aprendido ahora, en sólo confiar en los intersticios.  

martes, 30 de agosto de 2011

No creo en nada sólo en el almíbar

Es el llanamiento que provoca una convulsión en almíbar, o mejor aun. "El mundo está hecho mierda, pero no importa porque esta flotando en almíbar" cierto, es perfecto flotar en almíbar, yo me quedaré ahí justamente bebiéndolo porque carezco de la verdad, lo bueno de todo es que la poesía me salva gracias por recordármelo, gracias de verdad y lo reitero no creo en nada y al no creer en nada es porque no creo en nadie, ni siquiera en el que viene ha abarrotar mi aburrición, tampoco le creo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Otra tarde de verano

Recuerdo bien una antes, cuando bebía agua, hacía calor y no quisé entrar a una exposición en el Teatro de Camara.

Nudo
un nudo sobre nudo
que manera tan romántico de decirlo
porque visualmente no hay nada más unido.
O qué hay otra cosa más unida?
No me desengaño, nadie es leal
Todos somos ese vidrio que rasga el mundo
y deja surcos de resequedad
En caminos abominables
no miento, a veces me fascinan
sólo a veces.
Hoy vuelvo sobre la velocidad de una rueda.
En qué momento dejo de ser yo
en qué momento te vuelves un objeto
Aunque hoy no quiera estar en con ella
me guardo en un hueco
que ahora se acorruca en este
l
a
s
t
r
e
que aun palpita en la humedad.

lunes, 8 de agosto de 2011

En busca del apellido

Hoy me preguntaron por mis apellidos, primero dí el inmediato, el que uso normalmente no sé si por distinción o porque realmente es el que más me gusta dentro de cualquier contexto, posteriormente me preguntaron por el segundo y luego lo mencioné.

Esa pregunta me llevó a los recovecos históricos, más allá de la familia, sino del ser parte de una tierra, de una extensión que se adjudica como una pertenencia social y propia de la identidad.

El apellido, qué define?, define como a una etiqueta de una playera, define un nombramiento de la lista negra o alguna adaptación social aunado a las ramificaciones del árbol genealógico.

El apellido como identidad y seguramente es una identidad utópica para muchos, el apellido como un escudo antiguo, hecho de metal, o como algo simbólico como la representación de algo abstracto. El apellido como ritual, como intéres. El apellido como ley. O el apellido como una orden que se le atribuye a alguna función. El apellido como una lista para nombrarla, el apellido para matricularla tu integridad, el apellido como cuenta de banco, el apellido por dinero. El apellido por genealogía, por determinar la faz de la Tierra. El apellido para transgreder alguna tradición, algún antepasado. El apellido por sangre.

No lo sé sólo realmente, la verdad que me quedé patinando en el apellido, me dejó pensando puras cosas absurdas, a veces pienso que soy una mujer absurda por ser tan tajante. El apellido como un vehículo, como en el ensayo de Derrida, "La retirada de la metáfora", bendito argelino, inquietud consistente.

Hoy es uno de estos días en los que no quiero salir de la oficina, afuera me espera un golpe de sol y no un golpe de suerte. Me asomo a la ventana y se escucha la ciudad. Y hoy no tengo ganas de de caminar por el asfalto, esperar los semáforos, caminar, dirigirme hacía (...) no lo sé, quisiera que una nube se comiera el sol a bocados, lentamente en lo que termino por decidirme para irme. Seguramente esa nube va a parecer hasta en la noche. Pero no importa, porque hasta el sol tiene apellido. Y no importa porque hoy he comido comida de papá y eso es una de las cosas que me dejan satisfechas, me encanta como cocinan los hombres, sea padre de familia o hombre soltero, no importa, a mi sólo me gusta que realmente les guste la cocina.

Debo de presumir que en este camino que atravesaré me espera un durazno grande, de esos que determinan el color de la tierra, de esos que no se dan en la ciudad, viene de un árbol abundate y fuerte. Este durazno esta más chapeteado que yo.

otro día de viento en Chihuahua

yo sólo me pregunto qué es lo que se lleva el viento  a dónde va y lo deja y por qué nos lo arrebata.