Ahora resulta que hay ramificaciones interesadas por nosotros los alejados. Ahora resulta que para qué querer viajar si no hay nada que hacer aquí. Ahora resulta que mejor me paso al DF porque en Chihuahua es un lugar fantasma. Seguramente un lugar en cual no quiere transgredir su memoria. Ahora no entiendo yo, como tú el que construyes puentes, edificios y cosas de la industria, te ha azotado esos 90° de supervivencia, ahora estas declinado, convaleciente, qué recuerdo puedo brindarles yo de ti, a mis amigos, a la gente que estimo, a las típicas conversaciones donde de todo deviene el tema del dichoso "núcleo" . Y yo nunca vi ese núcleo, yo no sé dónde estabas, dónde estaba yo en ese momento, sólo sé que ahora eres viejo, como ese hierro de ese edificio que lograste moldear un día y el sol que no pierde su tiempo, se come a los abandonados, y no sólo a esos, sino a los que olvidan por error, un error para toda la vida, que quizás al último y sea nada para ti. Las veces que te he dicho papá o padre, me siento ajena, no he podido quitarme esa idea que tengo al estar frente a ti, cuando hemos tomado una taza de café cargado, cuando hemos comido en tu casa, cuando me haces un cariño, cómo responderte?
Al buscarlo en el Aeropuerto con mi cuñado y todo para que me dijera que él es mi padre, - aquél de saco azul marino de pana, aquél moreno que viene allá de lentes ese es tu padre. Maldito aeropuerto, años se me han ido volteando a ver los aviones en la infancia, cuando en ese entonces no sé quién chingados me dijo que mi padre era piloto, y desde entonces; cada que pasaba un avión y aun así fuera una avioneta yo volteaba con la esperanza de que fuera mi padre, y nada. Hasta que un día deje de voltear a los aviones con tal admiración, se me cayó tu nombre, tu imagen efímera, tu figura incierta, siempre lejano. Ahora volteo a ver los aviones pero ya por inercia, porque esa inercia de tanto esperar me fue arrebatada. Siempre esperé verlo, o siempre creía verlo. Y ahora vengo a verte en un aeropuerto, agarrando la manija de la maleta con mi mano izquierda y mi otra mano, sujetando tu antebrazo izquierdo. Qué sucede, cuando la respuesta es más importante que la pregunta. Qué sucede cuando lo importante no es lo que dijo, sino lo que no dijo; o bien, qué sucede cuando lo importante no es la vida sino mantenerse humano. Nunca lo he sentido cerca, nunca he sentido que se siente tener un padre porque todo el tiempo me he sentido ajena, no creo en la figura paterna, nadie me dijo que sería fácil, pues siempre fui distraída. Fue difícil carajo, pero estoy aquí, sin mis padres, ya nada me tumba, casi nada, en todo caso sólo me aíslo, sólo no comparto, porque soy egoísta, porque me gusta alejarme de todos. Porque no me gusta dar explicaciones, porque no me gusta avisar, porque me gusta perderme, disolverme en cualquier pensamiento, me lo quedo, lo apunto, sonrío y termino admirando la vida de cierta forma, a mi manera, con cierto aburrimiento, con un fondo que me gusta darme de topes de vez en cuando. Y así finalizo este aborigen que cargaba algunos días.
Hoy ha sido uno de esos días en los que he llorado a carcajadas, casi muero en un intento de agarrar aire, casi me asfixio con tanto hacer rebotar mi diafragma, me he llenado las mejillas de lagrimas, lagrimas de vida. Lagrimas de hacer callar a los demás, entre otras cosas gracias por preguntar, gracias por las charlas, y lo vuelvo a decir: sigan ladrando, sigan ladrando, yo no dejaré de creer en el mar, ahora el océano.
Hoy ha sido uno de esos días en los que he llorado a carcajadas, casi muero en un intento de agarrar aire, casi me asfixio con tanto hacer rebotar mi diafragma, me he llenado las mejillas de lagrimas, lagrimas de vida. Lagrimas de hacer callar a los demás, entre otras cosas gracias por preguntar, gracias por las charlas, y lo vuelvo a decir: sigan ladrando, sigan ladrando, yo no dejaré de creer en el mar, ahora el océano.